En Metán Viejo, una localidad del sur de la provincia de Salta ubicada a poco más de 140 km de la capital, estudiantes de una escuela técnica dieron sus primeros pasos en el mundo de las finanzas personales, incorporando herramientas clave para su futuro.
En un mundo donde tomar decisiones económicas forma parte de la vida cotidiana, la educación financiera se vuelve una herramienta clave para el desarrollo personal y profesional. Esta necesidad atraviesa también a comunidades rurales de Argentina, donde acceder a estos conocimientos puede marcar una diferencia significativa en las oportunidades a futuro.
En la Escuela de Educación Técnica N°3129 EMETA I, ubicada en Metán Viejo, provincia de Salta, estudiantes que se forman como Técnicos en Producción Agropecuaria vivieron por primera vez la experiencia de aprender sobre finanzas personales junto a Junior.
Todo comenzó cuando la directora de la institución, Prof. María Inés Torino, compartió con el equipo docente una convocatoria a una capacitación en Educación financiera. Daniela Romano, profesora de Lengua y Literatura, decidió sumarse y, durante la jornada realizada en COPAIPA, escuchó el testimonio de estudiantes que ya habían participado del programa: “Ahí dije: esto es lo que necesito para mis alumnos”, recuerda.
A partir de esa experiencia, decidió llevar la propuesta al aula y asumir el desafío, incluso sin provenir de un área económica: “Soy profesora de Lengua y Literatura, pero eso no impidió que acompañara a mis alumnos en Educación Financiera”, destaca.
La implementación involucró a tres cursos de la institución, con distintos niveles de avance. El impacto no tardó en hacerse visible. Según relata Daniela, muchos estudiantes incorporaron hábitos concretos en su vida cotidiana: comenzaron a utilizar billeteras virtuales y a gestionar su propio presupuesto.
Además, varios de ellos participaron en las Olimpíadas de educación financiera, impulsadas junto a Mercado Pago, una instancia que les permitió profundizar y consolidar sus conocimientos.
Más allá de los contenidos, la experiencia estuvo atravesada por momentos significativos, como la entrega de certificados. “Venían corriendo a mostrármelos. Estaban muy contentos, tanto ellos como sus familias”, recuerda Romano. Estos no solo representaron un logro, sino también una herramienta para su futuro, al poder sumarlos a sus currículums.
La dinámica de trabajo —con encuentros virtuales, clases por Zoom y espacios compartidos en la sala de informática— también fortaleció el sentido de grupo del “equipo Junior”, haciéndolos sentirse parte de algo importante. Para Romano, fue una experiencia transformadora: “Aprendimos juntos”, resume.
En contextos donde el acceso a este tipo de herramientas suele ser limitado, iniciativas como estas no solo amplían oportunidades, sino que también fortalecen la confianza y las aspiraciones de los jóvenes.
“Creo que es increíble el trabajo que hacen y nadie debe perder la oportunidad de vivir la experiencia de formar parte de Junior”, concluye.
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Si sos docente y querés acercar herramientas concretas para que tus estudiantes tomen mejores decisiones sobre su futuro, podés sumar estas propuestas a tu aula y ser parte de la experiencia Junior.

