Estudiantes de San Luis crearon un emprendimiento que promueve la flora y fauna local, la concientización sobre la importancia de hablar de salud mental y la inclusión como eje central en proyectos de impacto comunitario.
En el marco del programa Aprender a emprender, los estudiantes del 6to año de la Secundaria de Arte N° 2 Nicolás Antonio de San Luis fundaron CREA Bolsa, un emprendimiento de bolsas grandes para transportar las carpetas de dibujo de la escuela. Cada bolsa lleva ilustraciones originales hechas por los mismos estudiantes que reflejan la flora, fauna, paisajes y cultura de San Luis, acompañadas de frases y poemas destinados a concientizar sobre la importancia de la salud mental. Además, invitan al comprador a colorear o personalizar la imagen de su bolsa como un espacio de expresión y cuentan con etiquetas y folletos descriptivos en sistema Braille para garantizar una experiencia más inclusiva.
“Lo más emocionante fue ver cómo las personas interactuaban con el producto: no solo compraban una bolsa amplia para las carpetas de taller, para la compra o el equipo de mate, sino que le daban valor a nuestro arte, admirando la naturaleza de San Luis a través de una ilustración o leyendo las frases motivadoras. Descubrir el alcance del impacto inclusivo al ver las etiquetas en Braille terminadas fue increíble”, cuentan los estudiantes.
Su experiencia emprendiendo los llevó a querer desarrollarse más en este rubro: “Nos demostró que el arte puede ser el motor de proyectos con impacto social, por lo que a todos nos gustaría seguir emprendiendo. Entendimos que más que vender un producto, es una oportunidad para alzar la voz sobre temas importantes como el planeta, la inclusión y la salud mental a través de lo que sabemos hacer”.

Paola Torres es la docente que los acompañó durante todo el proceso en Aprender a emprender. Cuenta que, desde la primera idea del proyecto hasta el momento de vender sus productos en la Feria de emprendimientos, notó un cambio exponencial en los estudiantes, la forma en la que trabajan en equipo y el compromiso con su educación.
“Pasaron de ser alumnos con una inquietud técnica en el taller a convertirse en jóvenes emprendedores conscientes de su entorno, capaces de gestionar costos, defender valores de sustentabilidad y comunicarse con fluidez en instancias de venta e interacción comunitaria”, profundiza Paola.
El trabajo en equipo incluyó a estudiantes encargados de la ilustración, la confección, la redacción y la adaptación inclusiva, y eso resultó en que se formara “una red de cooperación en donde cada uno fue asumiendo compromisos reales con sus compañeros”.
En Aprender a emprender, a lo largo de todo el año, los estudiantes crean, gestionan y organizan un emprendimiento propio que traslada el aprendizaje a espacios prácticos de alto impacto. Sobre acompañarlos a ser parte del programa, Paola Torres dijo: “Aunque implica flexibilidad y compromiso, coordinar un proyecto con propósito les permite a los chicos descubrir su potencial como agentes de cambio, dándole un sentido profundo al proceso educativo”.

