Por Marcos Mauro, Director de DataArt

En todos los sectores las compañías pujan por conseguir el mejor talento de la ciudad. En el mercado de IT, en el que la competencia es importante, algunas logran diferenciarse con interesantes y exitosos productos, otras prestando servicios de consultoría en tecnología a compañías locales o del exterior; pero el verdadero valor agregado lo aportan las personas.

Es por esto que hemos aprendido a identificar los mejores perfiles, los más interesantes de encontrar. Por eso quiero compartir con vos uno particular, el que padece el síndrome del impostor, y por qué confío en que los impostores -del tipo correcto, claro- son el mejor capital humano que una compañía dinámica, interesante y moderna debería contratar.

¿Alguna vez sentiste que te faltaban herramientas para el trabajo que estabas haciendo? ¿Sentiste que conocías 3, 5 o tal vez 10 personas que lo podrían hacer mejor que vos?

Bueno si estos sentimientos te resultan familiares, o en algún momento de tu educación o carrera sentiste algo parecido, déjame empezar por decirte que ESO es lo que sienten los verdaderos impostores en el sentido tradicional de la palabra. La gran diferencia entre VOS y un verdadero impostor es lo que hacen con ese sentido de persecución –o en criollo, persecuta-.

El verdadero impostor se siente cómodo en ese lugar, busca rajaduras en el sistema para esconderse, le encanta cuando llegan las seis de la tarde y se puede ir corriendo a la casa para dejar de fingir, y… espero que para este momento ya no te sientas tan identificado.

Vos, en cambio, tenes un sentido de urgencia tremendo para cubrir todas tus carencias, todo lo que te falta aprender. Vos todo el tiempo estás haciendo un esfuerzo adicional para lograr revertir esa situación que te genera esa tremenda sensación.

Dejame darte una buena noticia: lo que realmente alimenta el ÉXITO es todo lo que nos falta por aprender + la actitud correcta, no todo lo que ya sabemos. Esto es porque la tecnología, el mundo y las reglas que rigen los negocios cambian TODO el tiempo.

A lo que me refiero con esto es que hay muchísimos impostores ahí afuera que tienen un misterioso talento para hacer que las cosas funcionen incluso cuando inicialmente no tenían idea de cómo hacerlas.

No estamos hablando del cliché de la milla extra. El impostor del que hablo es la persona que no hace la milla extra por nadie… La hace por ella o él mismo, porque es curioso, porque es exigente, porque no conoce otra manera de hacer las cosas. Este impostor va a arrastrarse la última milla si es necesario, aunque tenga calambres en las dos piernas y ya no pueda más. Por eso, inspira tanto a sus colegas, porque él –sin saberlo, quizás- tiene la fórmula del éxito.

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